¡Se trata de un cuenco grande, ancho y espacioso, una auténtica pieza emblemática que merece ocupar un lugar destacado en el centro de la mesa!
El borde presenta motivos de olas tallados, un sutil guiño al movimiento del agua y al largo recorrido que ha realizado esta madera desde el bosque ancestral hasta la turbera y, finalmente, hasta mi torno. Estos detalles tallados ofrecen una experiencia táctil que invita a la mano a explorar el borde del cuenco, mientras que el interior se mantiene liso y espacioso. Se trata de un objeto de madera hecho a mano que combina escultura y funcionalidad: un ejemplo de torneado artístico de la madera, elaborado respetando la singularidad del material.
Gracias al acabado con cera de carnauba, la superficie conserva su calidez natural y su resistencia. No contiene plástico ni barniz sintético: solo un producto natural que protege un tesoro natural. Este cuenco transmite una sensación a la vez antigua y moderna; se trata de una pieza de arte en madera digna de coleccionar, que puede utilizarse a diario o exhibirse como centro de mesa.
Trabajar la madera de kauri de los antiguos pantanos supone siempre un encuentro con el tiempo profundo. Este cuenco para fruta surgió a partir de un trozo de madera densa y brillante que había permanecido en las turberas de Nueva Zelanda durante varios milenios. Cuando lo traje a mi taller aquí en Carcasona, sentí el peso familiar de su historia: silenciosa, paciente y llena de relatos que esperaban ser desvelados.
La madera de kauri de pantano es una de las más escasas a las que tienen acceso los artesanos. Conservada de forma natural en humedales con bajo contenido en oxígeno, resalta con un brillo dorado que parece casi vivo. Los minerales absorbidos a lo largo de milenios crean suaves ondulaciones y reflejos nacarados a lo largo de la veta. A medida que torneaba este cuenco, esos motivos fueron apareciendo poco a poco, cambiando bajo la luz como olas sobre aguas tranquilas.
Esta pieza en concreto presentaba varios pequeños huecos naturales: diminutas cavidades formadas durante la vida del árbol en la antigüedad. En lugar de ocultarlas, decidí rellenarlas con polvo de cobre, creando delicados toques rosáceos que contrastan maravillosamente con la superficie dorada de la madera de kauri. El cobre refleja la luz de una forma que resulta a la vez sutil y contemporánea, aportando un toque de elegancia sin restar protagonismo a la belleza natural de la madera.
Ser propietario de una pieza como esta significa acoger en su hogar un fragmento de una historia milenaria. Si su suave brillo y sus matices cobrizos le llaman la atención, le invito a descubrir el resto de piezas de kauri de los pantanos que he tenido el privilegio de tallar.
Diámetro: 38 cm. Altura: 9 cm. Peso: 520 g.


















